Las energías solar y eólica están a punto de volverse imparables, el gas natural y la producción de petróleo alcanzarán un nivel máximo, y los autos eléctricos y las baterías están esperando tomar el relevo. Este es el mundo que Donald Trump heredó como presidente de Estados Unidos. Y sin embargo, su plan de energía es cortar regulaciones para resucitar a un sector que nunca más va a regresar: el carbón.

Las instalaciones de energía limpia batieron nuevos récords en todo el mundo en 2016, y la energía solar y eólica están recibiendo el doble de fondos que los combustibles fósiles, según datos publicados el martes por Bloomberg New Energy Finance (BNEF, por sus siglas en inglés). Eso es en gran parte porque los precios siguen bajando. La energía solar, por primera vez, se está convirtiendo en la forma más barata de nueva electricidad en el mundo.

Pero con los planes de desregulación de Trump, lo que “vamos a ver es la era de la abundancia, con esteroides”, dijo el fundador de BNEF, Michael Liebreich, durante una presentación en Nueva York. “Eso es una buena noticia económicamente, excepto que hay una mosca en la sopa, y es el clima”.

Los subsidios gubernamentales han ayudado a que la energía solar y la eólica se establezcan en los mercados mundiales de energía, pero las economías de escala son el verdadero motor de la caída de los precios. La energía solar y la eólica no subsidiadas están comenzando a superar al carbón y el gas natural en un grupo de países cada vez más grande.

La transición en Estados Unidos

Es probable que Estados Unidos no lidere el mundo en el tema de las energías renovables en porcentaje de la producción del suministro eléctrico, pero un número de estados supera las expectativas.

La energía solar y eólica han despegado, tanto que los operadores de la red eléctrica en California están enfrentando algunos de los mismos desafíos de regular los picos y valles de las energías renovables de alta densidad que han plagado la revolución energética de Alemania. El auge de Estados Unidos, aunque no el primero, ha sido notable.

La demanda de electricidad en Estados Unidos ha estado disminuyendo, en gran parte debido al aumento de la eficiencia energética en todo, desde bombillas y televisores hasta la manufactura pesada. En tal ambiente, el combustible más caro pierde, y cada vez más veces quien pierde es el carbón.

Con las energías renovables entrando en la mezcla, incluso las plantas de combustibles fósiles aún en funcionamiento se utilizan con menos frecuencia. Cuando el viento sopla y el sol brilla, el costo marginal de esa electricidad es esencialmente libre, y la energía libre gana cada vez. Esto también significa una disminución de ganancias para las centrales eléctricas que consumen combustible.

Las malas noticias para los mineros de carbón empeoran. El equipo de minería de Estados Unidos se ha vuelto más grande y mucho más eficiente. Tal vez el mayor asesino de los empleos en la industria del carbón es el equipo de minería mejorado. El estado de California ahora emplea a más gente en la industria solar que las que emplea el carbón a nivel nacional.

El mayor cambio en la energía estadounidense ha sido impulsado por los avances en la perforación de petróleo y gas a través de la roca de shale. Este tipo de perforación horizontal también ha visto enormes mejoras en la eficiencia, desplegando menos trabajadores, menos plataformas y perforando menos pozos para producir cada vez más combustibles fósiles. El gas natural que sale de estos pozos es prácticamente libre.

Históricamente, el crecimiento económico ha ido de la mano con el aumento del consumo de energía. Los avances en eficiencia también están cambiando eso. Llámelo el gran desacoplamiento.

Fuente: Economia Hoy